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LA EDUCACIÓN AUTÉNTICA (1)

En el año 2008 tuve el privilegio de conocer a Jean-Pierre Lepri que, después de toda una vida dedicada a la educación en calidad de profesor, inspector y asesor, trabaja sin cesar para la divulgación de lo que ha llamado “la educación auténtica”. Reflexiones, ideas, propuestas…, de las que me alegro poder hacerme eco en este espacio.

PREMISAS DE LA E.A. (POSTULADOS)

          Nuestra tarea principal en la vida
          consiste en ser feliz[1]. (Baden-Powell)


¿Quién no conoce el sufrimiento?

¿Quién no quiere ser feliz?

Incluso el que se sacrifica, se mortifica, se suicida… busca, con su acto, una forma de satisfacción.

¿Quién es realmente feliz?

El que no tiene lo que quiere no lo es. El que lo consigue no es feliz mucho tiempo y en seguida desea otra cosa, y recae en el mismo ciclo.

¿Por qué no somos felices cuando queremos serlo?

Porque no buscamos en el lugar adecuado sino ahí donde nos han educado para buscar, ahí donde está “alumbrado[2]”.

De nuestra educación – familiar, escolar, social (medios de comunicación de masas, vecindario, cultura…) hemos aprendido, inconsciente o conscientemente, al menos tres cosas que por tanto nos resultan “naturales”, “evidentes”:

  • la carencia: por la comparación permanente con un modelo explícito o implícito, por la comparación entre lo que es y lo que debería ser; esto genera, entre otras cosas, la imitación, la conformación[3];
  • el miedo, casi siempre inconsciente, de lo que no es lo que debería ser o de lo que podría fallar o faltar;
  • la debilidad y la dependencia: tenemos necesidad de alguien que sepa o que sea más fuerte que nosotros para colmar esta carencia o para protegernos de este miedo; solos y débiles, no podemos nada.

De hecho, estas tres cosas no son sino la resultante de una cuarta: la desconexión (el aislamiento), debido al aprendizaje de la fragmentación, de la parcelación, del límite (frontera)…, cuando en realidad la vida es intercambio permanente (recibir y dar).

¿Cómo salir de esta fatalidad? ¿O cómo no entrar en ella?

Mediante otra educación-formación que ejercite

  • el autoconocimiento (en sus cuatro facetas y en sus interrelaciones): mental, físico, vital, psíquico;
  • la armonización (de estas cuatro facetas);
  • la integración (de esta armonía, en mí y en el ‘mundo’)

De hecho, estas tres cosas no son sino la resultante de una cuarta: la plena conciencia (y la efectividad) de un vínculo intenso y continuado en el recibir y en el dar, dentro de uno mismo y en relación con el ‘mundo’, la plena conciencia, en cada instante, de estar en la vida, de ser la vida.

¿Qué es la felicidad?

Lo que se da cada vez que estamos de acuerdo, en armonía, en nosotros mismos y con lo que nos rodea.

¿Hemos aprendido a ser felices?

Sólo una ‘educación’ auténtica puede conducirnos a ello. Auténtica, porque eduque para lo que es verdadero, es decir para lo que es (de lo que soy parte) – y no para lo que debería ser (que incluye lo que yo debería ser)-, para mi verdadera responsabilidad (la de situarme en lo que es).

Jean-Pierre Lepri


[1] Para nosotros, ser feliz no es la meta de la vida sino la consecuencia por haber alcanzado dicha meta. Sin embargo, esta declaración sigue siendo aceptable en la medida en que la felicidad es un indicador fiable de una ‘armonía’  cuyas características desarrollamos en la E.A.

[2] Como en la historia en la que un hombre busca, de noche, las llaves de su coche bajo una farola encendida. Llega entonces otro hombre que le ayuda a buscarlas. Al cabo de media hora de búsqueda infructuosa, éste le pregunta al primero si está seguro de haber perdido sus llaves en ese lugar. El otro le contesta: “no, pero aquí hay luz”. Como él, probablemente busquemos la felicidad ahí donde se nos ha puesto luz y no donde se encuentra.

[3] Efectivamente, la mayoría de las educaciones o formaciones no son sino conformaciones (a otro modelo, a veces implícito).

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Testimonios de clientes

  • ~ Mercedes Rodríguez

    Sin imagen"He recibido el curso de "Las emociones: Un lenguaje" y quiero compartir mi experiencia. Me dedico a la educación desde hace muchos, muchos años, he asistido a varios cursos interesantes sobre educación emocional, inteligencia emocional,… que creía, hasta ahora, novedosos, pero éste ha sido, además, revolucionario. No es un curso duro sino tranquilizador y amable. Animo a todo el mundo a que lo haga. Gracias, Sylvie, por ponérmelo en el camino.

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